Quizá porque nunca dejé de ser pececillo
nadando bajo aguas limpias y frescas,
casi transparentes,
que discurren perezosas y cantarinas,
irradiando las luces intermitentes
de soles inmensos
y de lunas tardías,
casi mudas.
Quizá porque soy también inmensa ballena,
y solitario delfín,
o caballito de mar,
o concha marina
brillante, pulida y varada
a mitad de marea,
en un bellísimo arenal.
Quizá porque nunca dejé de ser ave libre,
surcando los aires,
como una majestuosa águila
que mantiene impávida
el arco de sus alas
en medio de una tempestuosa corriente,
o quizá porque soy minúscula,
como un gorrión,
trinando feliz en locos intentos
de mantener la ilusión
de un nido seguro,
festejando la luz.
Quizá porque soy ave y pez,
o suspiro,
o rayito de luz,
qué difícil es encontrarte,
amigo,
para nadar contigo
o volar,
o sentarnos juntos
y reír felices,
o callarnos en el mismo universo,
al mismo tiempo,
y escuchar juntos
los poemas tan extraños,
o tan tiernos,
que nos va susurrando la vida.
C
Julio 2026

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